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martes, 16 de octubre de 2012

Estilismos para el recuerdo: los carga el diablo

Amigos y pacientes lectores;

La de hoy es una clase práctica, un ejemplo real (y tanto) de lo que nunca debemos hacer a nuestros retoños. ¿Maltratarlos?, no, so ceporros. ¿Castigarlos?, que no, hombre. A ver, no me maltratéis ni me castiguéis a los niños que los de los servicios sociales están a la que salta, que se están jugando el jornal y no estamos para bromitas.

Me refiero al noble y difícil arte del estilismo en el posado fotográfico.

Sí, amigos, eso. No pongáis esa cara de "esta me la sé" porque no. Y si no, haceos una pregunta sencilla: ¿Os creéis más listos que vuestros padres?. Quién haya dicho que sí o es huérfano (ahí se entiende, claro) o aún no le ha tocado ir corriendo a urgencias con su churumbel colgando febril. Que luego va tu madre y te llama por teléfono: te lo dije, ese niño no está bien y tú como no haces caso...

Pues que sepáis que no sois más listos que vuestros padres, majetes. Porque una coge esa caja de fotos antiguas que habíamos escondido en lo más profundo del armario del trastero mientras éramos novios (luego te casas y ya como que hace gracia y todo) y cuando mira los terroríficos looks que nos plantaban nuestras madres, piensa: esto no se lo haré a mi hija preciosa jamás.

Já.

Mi madre era lo que hoy se conoce como una trendy-mum. Su armario era la envidia de todas sus amigas. Un gusto impecable, las mejores tiendas y una estupenda figura la convertían en todo un icono de la moda en los setenta.Seguro que ella pensaba que aplicaba el mismo buen criterio al vestuario de sus hijas. Pero a las pruebas me remito: No, mamá, no íbamos chic, ni elegantes, ni trendys ni leches. Y no deberías haber visto tanta serie de TV. Porque si tú ves esto:



Luego vas y le haces esto a mi pobre hermana: (es mi hermana de verdad, perdóname, cariño, pero es por el bien común, has cambiado mucho, nadie va a reconocerte, te lo juro).


Efectivamente, amigos, mi pobre hermana va ataviada con un look que le hace parecer el hijo secreto de Starky y Hucht (sí, de ambos) en misión especial en las selvas plagadas de helechos del Guadarrama. ¿Cómo no va a estar triste, la criaturica, con esa camisa que me pica solo con verla?, y esa chaqueta -heredada de mí- que tenía unos colores que te ponías a llorar, rollo cacaburro y gamas similares, con su cuello smoking y su cinturón marca-lorzas...

Amigos, ya lo han visto con sus propios ojos. No le inflijan el mal a sus hijos, no les averguencen de por vida y más allá. Midan bien los estilismos. Muy bien. Que luego no ganamos para terapias.

Que se lo digan a mi hermana que cada vez que vuelve la moda folk se encierra en casa de baja.

jueves, 11 de octubre de 2012

Del miedo



Cuando Lola nació y nos tuvimos que volver del  hospital a casa con ella, comprendí que el resto de mi vida iba a tener miedo. Un miedo permanente y mutable, un miedo nuevo que brota tal que pares y que ya nunca más te abandonará. Es el miedo de traer un hijo al mundo y a ver qué chingados haces para que sea feliz el mayor tiempo posible. Y que esté calentito. Y que haya comido suficiente. Pero no demasiado. Y…
-       -   Respira?
-          - Claro que respira¡, cómo no va a respirar?
-          - Es que no la oigo respirar…
-          - Porque tiene dos días de vida y sus pulmones aún no hacen ruido de coche viejo, quieres dormirte tranquila que son las 4 de la mañana?
Y te acuestas, tratando de calmarte. Claro que respira, mujer. Si es un roble esta niña¡. Respira como un… como un… coño, que se ha parado¡¡ y enciendes la luz, alarmada, esta vez segura, sí, pasa algo malo, malísimo, y gritas:
-         -  NO SE MUEVE¡¡¡
-         -  Joder, me cagoen… porque está dormida¡
-         -  …
La arropas tratando de incomodarla suavemente y que te de esa señal, sí, pequeña, estás viva? Díselo a tu mami… y la Lola gruñía y ya, me volvía a acostar en paz hasta cinco minutos después que empezaba de nuevo la auditoría de supervivencia. He llegado a ponerle un espejo bajo la nariz, amigos.
Eso por las noches.
Pero por el día era un acarreo de niña por todos lados, no fuera que la perdiera de vista por un nanosegundo y se escapara por el balcón descolgándose de las sábanas de ositos bordadas. Si me iba a la ducha, allá que llevaba a la Lola en su hamaquita. Y me lavaba con la cortina descorrida, por supuesto, para vigilar que no saltara sobre ella ningún frasco de perfume o el bodymilk y la atacara. Porque esa es otra.
La capacidad que me he descubierto imaginando desgracias sin límite a cual más absurda… a mí me viene cualquier a de mis amigas y me dice que tiene miedo de las cosas que detectaba yo como peligros realísimos y la mando a López Ibor de cabeza y además, la insulto.  Pero ay, es dar a luz y la sensatez  se va al mismo sitio que tu talla de pantalones antes de convertirte en madre: a la extinción más absoluta.
Si llovizna, yo veo rayos caer sobre el cochecito donde mi retoño sonríe complacida. Cuando estoy esperando que cambie a verde el semáforo a una distancia de no menos de un metro del asfalto, visualizo un coche conducido por un cuasiadolescente bakala bien dopado subiendo por la acera y atropellándonos a 200 kilómetros por hora. Cuando acuesto a mi pequeña, advierto la presencia de un ser maligno que se la quiere llevar de souvenir al averno. Y sí, miro debajo de la cama y detrás de las cortinas.

Mi chico al principio trataba de calmarme y aplicar la lógica, tratando de demostrar que era imposible que se cumplieran mis vaticinios, a cual más espantoso y mortal. Luego me miraba con compasión, meneando la cabeza de un lado a otro silenciosa y elocuentemente. Ahora, cada vez que verbalizo un ramillete de los peligros que acechan a mi hijita, me pregunta qué hay que comprar para largarse corriendo. 

En fin, amigas, sé que vosotras me entendéis. 

En la foto, anoche a la hora del baño. El perro por si vienen los ladrones a hacernos una visita y el rifle a modo de pararrayos, que me han dicho que es muy eficaz. 

jueves, 30 de agosto de 2012

Vacaciones en familia: no querías igualdad?

Amigos, ya hemos vuelto de vacaciones. Y no sé qué decirles: he vuelto confusa y preocupada.

Una cree que lo está haciendo bien tratando de educar a su pequeña en la igualdad y a la que le endiño la sirenita Ariel (que estoy de Ariel como si me la hubiera comido, por dios qué hartura con la Ariel a todas partes, que no me metas a la Ariel en la cama que te pinchas con la cola y luego lloras, por dios qué hartura, y qué fea la condenada con esa sonrisa de imbécil y la boca abierta, que se le van a meter moscas. Niña, no me digas que quieres ser Ariel, todo el día oliendo a sardinas, que te emancipas a los 3 años, eh?. Odio a Ariel, se nota, no?).

Bueno, que decía que igual que juega con Ariel (del demonio) juega con camiones. Que intentamos evitar juguetes sexistas (menos la Ariel de las narices y su figura de top model boba) y los comportamientos conductuales y todo ese rollo para que la niña no nos salga más cursi que un repollo con lazo antes de tiempo y bla bla bla.

La cosa es que nos hemos pasado. Se nos ha ido la mano. Tanta igualdad y tanta leche y ahora tenemos un desdoblamiento de personalidad en toda regla.

Mi hija según se levante se llama Lola y pide que le pongas el vestido azul con su lazo bien grandote y todo. Y va por la casa brincando y repitiendo que ella es una "princesa de culo de fresa". Para horas más tarde ir a jugar a un parque barcelonés (lugar de vacaciones), hacer amistad con unos críos de su edad y la mamá muy simpática, pregunte:

- ¿Y la nena, cómo se llama?.
- Pedrolo, contesta ella muy ufana, poniendo sus brazos en jarras.
- ¿Cómo? - cara de asombro de la madre que cree que le ha atacado una sordera ambiental, de repente-.
- PE-DRO-LO, responde elevando la voz y marcando sílaba, mi retoño.
- ¿¿¿¿????, -madre ojiplática en busca de una explicación me mira expectante-.
- Ehhh.. ss-sssí, ha dicho Pedrolo, es que hay días que cree que es un niño, digo tímidamente.
- PORQUE SOY UN NIÑO, MAMÁ, SOY TU HIJO PEDROLO. 

Y sigue la tía jugando, tan tranquila, dejando a mí, su madre, rezando porque la otra madre no sea una psiquiatra de los servicios sociales y me pida el DNI o algo.

Ustedes dirán que no es para tanto, que qué graciosa y que es normal. Ja.

Cuando tu hija de 3 años que está en plena (y bastante exitosa, feliciténme) operación pañal, le pilla unas ganas de hacer pis en mitad de una playa atestada de gente y lejos del baño (si hay) y... qué les voy a contar que no hayan sufrido. La mayoría sumerje a sus chiquillos en el agua y que disimuladamente... pues mi hija no se deja.

Mi hija se pone de pie frente a las olas pero en la orilla, se quita el bañador, separa las piernas como un cowboy, se pone en jarras y dice:

- Mira mamá, hago pis como los chicos porque soy Pedrolo, tu hijo, así es mucho más divertido.

Y añade, para que vean lo fino que hila:

- Mira mamá, si te mueves, el chorrillo no te mancha. 

Ahí está la tía. Con técnica y todo.

Miedo me da.

P.D.: En la foto, mi hermana de pequeña (yo era cursi) cuando jugaba a una cosa de esas con palos y bolas de mucho correr y darse costaladas. 

miércoles, 8 de agosto de 2012

Economía doméstica: preparados para la crisis

Queridos lectores acalorados:

Mientras España se prepara para agonizar bajo la ola de calor Sahariano que amenaza con derretirnos a todos, unos de vacaciones (malditos¡, ya llegará mi hora, ya...) y otros con la nariz pegada al aire acondicionado, ésta que les quiere no para de darle a sesera inventando rocambolescas fórmulas para sanear la frágil economía familiar.

Sanear en mis entendederas viene a ser cómo demonios le hago para poder vivir en el ático de 200 m2 que merezco, sin dar más golpe que el me cada día me dicte el capricho de mi imaginativa mente.

Algunos de ustedes ya sabrán que ese señor que me despierta a las 6am cada día, que hace taichi en el patio para solaz de los vecinos (me juego que hasta hay vídeos en yutube en la etiqueta "mira qué vecino más friki tengo") y que aún se atreve a decir en voz alta que me quiere (sin drogarlo ni nada) es, entre otras muchas cosas, músico.

Sí, de esos que tocan la guitarra en la cocina mientras mueven los macarrones para que no se peguen, colocan sus amplificadores en lugar de la mesilla de noche y vuelven loca a la asistenta con tanta Fender estratégicamente colocadas para que pasar la aspiradora sea una carrera de obstáculos. De esos.

Pero además de llenar la casa cada dos por tres de amigos que se beben las reservas de cerveza de todo el barrio con la excusa de "ensayar", resulta que le saca partido y miren ustedes, me salió el tipo con un alma de titiritero que me toca en la calle y todo, trayendo un sobresueldo a casa curioso.

Anoche mismo, aprovechando que mi Lola anda asilvestrada perdida con su abuela en la sierra y en consecuencia yo ando libre como un pajarillo, me fuí a verlos tocar.

Y como una es mujer de acción, que no de lamentos que de eso no se come, tuve una revelación entre "Billy Jean" y "Knocking on heaven´s door". Lo ví claro. Clarísimo. La idea que nos va a sacar de pobres.

Montar una banda familiar. Ahí tá. Eh?, a que se han quedado de piedra?. Yo también me sorprendí de mis geniales ideas. No me hallo de tanta sorpresa que soy capaz de darme a mí misma.

El rollo es así: hay que aprovechar que los 80´S vuelven y todo eso de "Viva el flúor y los calentadores" y qué bueno que mi síndrome de Diógenes por una vez sirva para algo. Cuánta maleta que reciclar. Y lo mío es todo vintage, eh?, del bueno, original.

Nos ponemos en mitad de la calle más concurrida de la ciudad la Lola y yo con nuestras mallas de lycra multicolor y venga muñequeras como unas Jane Fonda castizas y hacemos coreografías mientras marido-guitarrista pone la banda sonora. A ver quién se resiste. Ya lo veo venir, avalancha de monedas¡¡¡ qué digo monedas, billetes, cheques y ya me veo poniendo un datáfono inalámbrico para los que no lleven efectivo¡.

Qué exitazo¡¡. De ahí a que vuelva Aplauso, un tris¡¡

Ay, amigas, qué feliz vamos a ser la Lola y yo dando brincos juveniles todas llenas de purpurinas y lycra y qué pedazo de ático me veo ya eligiendo¡.

Lo sé, soy un genio.

Voy a llamar a mi costillo para informarle de esta brillante decisión.

De aquí al estrellato, lo que yo les diga.

En la foto, algunos modelos que estoy barajando. Lo del espumillón en la cabeza, un punto extra.

A por el éxito, amigas¡

miércoles, 1 de agosto de 2012

Vacaciones en familia: estilismos

Queridos todos;

Continuamos esta importante labor didáctica con esta nueva entrega dedicada a los estilismos vacacionales, asunto éste al que no se concede la importancia debida y, amigos, alguien tiene que hacerlo, que luego me vais de aquella manera y acabáis de fondo en las fotos de cualquier veraneante de bien para risión de sus amistades.

De todos es sabido que cuando se vacaciona, el viajero de mente abierta tiende a la mímesis ambiental. Mucho cuidado con esto.

Es sin duda síntoma de adaptación e inteligencia el hacer nuestra esa máxima de "donde fueres, haz lo que vieres". Y si una se larga a una casita a rural a los Pirineos Oscenses, por decir algo, rodeada de matojos y piedras como buzones de correos, no tiene sentido que me vaya con los stilettos de Jimmy Choo a buscar el pan a la tahona de la señá Engracia  por un caminito de terracería.

Si te vas al campo, los estampados de leopardo y las sedas nos las dejamos en casa. Una cosa es ser elegante y otra, imbécil. 

Pero no sé si ustedes se han dado cuenta que a veces, el viajero llegando al lugar de destino sufre una especie de mutación que le invade el cuerpo y el sentido estético y se lanza como un loco a las tiendas locales a comprar lo que ve que se lleva en la calle. Este mal es especialmente virulento en las zonas de playa ya que está demostrado que la conjunción del yodo con el plancton marino atrofia el área cerebral del buen gusto. Esto es así, amigos  y ustedes lo saben.

Que no de un paso al frente aquel que no haya sucumbido a la estrafalaria y chirriante moda de la camisa jaguayana adquirida preso de un loco frenesí en alguna tienda de souvenirs con cartelicos en varias lenguas. O tú, joven fashionista, dime que nunca compraste aquellas horripilantes sandalias con pedrería porque las veías por todos lados en todos los pieses y en todos los comercios y no supiste resistir su atracción y tal cual regresaste a tu cálido hogar, las contemplaste avergonzada musitando un "¿en qué demonios estaba yo pensando?, cómo me vean mis amigas¡¡".

Todo el mundo tiene un canotier de París, un sombrero mexicano, un bolso de flecos de plástico (con lo mono que parecía en Ibiza) o una camiseta con una leyenda borderline que nos parecía graciosísima y ahora sirve de trapo.Tranquilos. A todos nos ha pasado alguna vez.

Pero ahora, queridos pececillos, tenemos una responsabilidad con consecuencias. Una responsabilidad que imita, copia y pide responsabilidades de cada acto nuestro. Y como nos equivoquemos, ya no será suficiente con esconder aquello en el trastero o donarlo a la caridad. Nos van a pasar factura y nos lo recordarán en el momento menos adecuado, por ejemplo, ante tu reunión de amigas megapijas que trabajan en la revista de moda más chupiguay.

Y me refiero, claro, a nuestros hijos.

Háganse un favor y esténme agradecidos de por vida por este sabio consejo que les doy. Midan con lupa las compras que hagan en su lugar de vacaciones. No se mimeticen en exceso. Su pareo, su bañador, su beachwear, sí. Pero comprado esa boutique mona y estilosa de nuestro lugar de origen, de confianza. Nada de locuras consumistas con el cerebro anegado en yodo criminal. Ni microshorts de vinilo blanco, ni sombreros texanos en Mallorca, ni marido con camiseta Chuecalovers con gafas flúor, por favor.

Si no logran resistirse, recuerden que es de vital importancia deshacerse de todo antes de regresar a casa, borrar toooodas las fotos y vídeos, y dedicar varias semanas a borrar de la momeria de sus vástagos cualquier dato que les recuerde que ustedes, sí, ustedes, una vez fueron horteras.

Suerte, amigas.

En la foto, la familia Menéndez-Ramos aquejada del maldito virus en grado extremo, si hasta cara de granjeros se les ha puesto.

martes, 24 de julio de 2012

Vacaciones en familia: introducción

Querida amigas;

Muchas de vosotras se disponen a vacacionar por primera vez en familia y como es natural, están llenas de dudas. No se preocupen más.

Mis tres años de madre me avalan lo suficiente para que me permita darles unos buenísimos consejos para que sus días de asueto tan esperados y merecidos no se conviertan en la pesadilla que a buen seguro va a ser si no me leen a tiempo.

Madres primerizas: yo sé que ustedes se imaginan en una playa idílica, descansando, bronceando sus cuerpos al sol y todo en calma y bajo control mientras toman un bonito paseo en el que meditan sobre su vida, más o menos así:

Linda estampa, verdad?.

Pues despierten del ensueño y asuman su realidad o van a sufrir lo indecible. Y no porque su maromo no sea Picasso, ni usted la amante de turno, tan elegante y bien accesorizada. No.

Usted, amiga, es madre primeriza. Y los accesorios que le tocan son estos:


El abuelo es opcional así como la segunda niña, pero como ustedes son una pandilla de inconscientes, lo más probable es que esto sea su futuro. Lo sé. Es duro. Un panorama aterrador, incluso. Pero es lo que hay y cuanto antes se acepte, menos lágrimas derramarán cuando se vean en la orilla del mar rodeadas de cosas de colores imposibles y mal combinados y preguntándose qué demonios hacen allí.

Para echar más candela al fuego, me permito recordarles que el fruto de sus entrañas es pequeño. Muy. Y probablemente no camine aún. Esto significa que hay que transportarle. ¿Han pensado en el carro?, ja¡. El carro es un instrumento del diablo que sólo sirve para cargar las toneladas de cosas que deben acarrear hasta la playa y que se atascará en la arena con una obstinación propia de un pollino extremeño.

Así que deberá elegir. Entre una playa con pendiente pronunciada desde la que poder hacer rodar las toallas, capachos, sombrillas, piscina, flotador, aletas, gafas de bucear, bolsa de cambio de pañales, ropa de repuesto, marido cabreado y retoño. O irse sola de vacaciones y abandonar a la familia. 

Si su opción es (porque aún no ha probado las mieles de las primeras vacaciones en familia) obcecarse con continuar todos unidos, prepárese. Porque a los 127 kilos contados de peso que tendrá que trasladar de su coche a la parcelita de arena en la que plantar sus reales, hay que añadir que al señor con el que decidió tener a esa bolita de carne que llora y se queja todo el tiempo, hay que alimentarlos e hidratarlos.

Esto es así si usted se empeña en seguir siendo una familia. 

Y cuando una es madre primeriza reciente, lo que toca es el neverismo. Dícese del arte de meter en una horrenda nevera portátil zumos, aguas, potitos, quesitos, galletas, fruta troceada, purés en termo, tortilla, filetes empanados, gazpacho, cerveza para olvidar ese día y los que vienen, patatas, aceitunas, atún rojo en pieza completa, un ternero vivo y el sushi que sobró de la cena que estaba muy rico.

Que quepa todo, que no se vuelquen los líquidos, que lo frío esté frío (amigas, el hielo es importante) que el niño coma y el marido se contente con lo que hay, eso ya es de profesionales y no se lo voy a exigir por esta vez, que bastante tienen ya con la iniciación.

Como es sumamente difícil acordarse de todo, les recomiendo pidan hora al tatuador de confianza y envíen a su costillo a hacerse la lista en la espalda en arial 12 a tinta negra, por lo menos. Es por el bien de la familia y es un tatu muy práctico que lo menos durante 12 años más le sacas partido.

Bueno, pues ya hemos conseguido hacer un ridículo espantoso acarreando como mulas sudorosas cienes de bultos absurdos de colores estridentes (incluso una que chilla, a la sazón, el hijo de usté). Hemos abierto la sombrilla, colocado las toallas, inflado la piscinita y llenado de agua de mar para que rotoce la criatura, con su zumo en la mano. También hemos puesto a la sombra la nevera de la que hemos extraído una cervecita bien helada que amorosamente le ofrecemos a nuestro amorcito. Él te mira agradecido y cierra los ojos disfrutando del frescor mientras traga a morro de la lata de oferta.

Contempla bien la escena. ¿Todo está en orden?. ¿Todo bien?, ¿sí?.

Pues corre. Corre tanto como puedas y huye de allí como alma que lleva el diablo¡¡¡. 

De nada, amigas.

martes, 10 de julio de 2012

Los sin papeles

Somos una familia al margen de la Ley y a mí esto me da muchísima pena. Sobre todo cuando voy a casa de mis "suegros" y veo sobre el aparador las fotos de las bodas de todos mis "cuñados" con sus marcos de plata relucientes. Y de los bautizos de sus retoños con sus flamantes vestiditos de Cristianar.

Y nosotros, nada.

Somos unos jipis amancebados que procrean en el libre albedrío y condenan al pecado eterno a su hijita sin cristianizar sin una miserable puntilla que llevarse a la cabeza. Y esto es triste, señores.

Bueno, está bien. Lo del bautizo me vale madres, más que nada porque dudo mucho que nos dejaran entrar a la iglesia, dada nuestra conocida aversión a la institución que dirige el jefe de los inquisidores. Pero lo de la boda no se lo perdono a mi costillo.

Yo, que desde niña albergaba la secreta esperanza de ser como Elizabeth Taylor y coleccionar maridos como el que colecciona figuritas del Kinder Sorpresa. Yo, que me veía no teniendo que trabajar en la vida merced a unas buenas y nutridas pensiones compensatorias de mis muy ricos y generosos maridos.

Pues yo voy a cumplir 43 años mañana y aún sigo descasada. Y así no vamos a ninguna parte.

Ya sé que tampoco lo pongo fácil porque yo o me caso en Las Vegas o nada. Una no puede entrar en la categoría del olimpo de las mujeres casadas por la puerta pequeña, onda un despachito de ayuntamiento cualquiera o una iglesia rural, aunque sea en los Jerónimos.

Y claro, mi mancebo dice que como perdí tantos años de mi vida con novios pobretones pues ahora no nos alcanza ni para la camisa de chorreras.

La Lola todavía es pequeña para que ande reclamando contratos entre sus padres, pero yo, por si acaso, por las noches cuando la acuesto le doy una estampita de Elvis para irla mentalizando.

En la foto, mi prima Paca que se casó en Wisconsin. Allí también saben celebrar una boda como Dios Manda, así como mantener a sus maridos a raya.

Que sirva de ejemplo. 

viernes, 6 de julio de 2012

De fobias: los disfraces infantiles y circunstancias

Queridos lectores que me sufren:

Voy a soltar una perla de las impopulares pero qué le vamos a hacer, este es mi blog mientras no me lo quieran comprar por una buenísima oferta.

No me gustan los disfraces infantiles, ni las fiestas en las que se disfrazan los niños y ya en el top ten de los odios furibundos se encuentran los concursos de supuestas habilidades (con disfraz al canto incluído) infantiles.

Ya está, ya lo he dicho.

Y ahora acoto. Yo fuí una niña raruna que leía muchísimo, pedante hasta la hartura, y cursi como no había dos. Era feliz ante la perspectiva de pasarme el dia disfrazada y alicatada hasta el techo de princesa purpurinada y zapatos de tacón robados a mi madre.

Mi hermana pequeña me miraba con compasión mientras trepaba a un árbol a cazar pajaricos vestida del chico que quería ser mientras yo la contemplaba desde el suelo soltando majaderías edulcoradas con toques de varita mágica (purpurinada). Todo muy brillante y con mucho lazo.

Esto lo digo porque mi hermana y yo, en igualdad educativa, cada una salió por un extremo bien distinto, en elección propia. Yo tenía que pelear duro por ser la más cursi porque en casa no se alentaban esos comportamientos precisamente, pero tuve de aliada a mi abuela que era muy fan de los brillos.

Ahora resulta que soy madre de una churumbela de tres años y me toca enfrentarme al poder de atracción que ejercen las fiestas infantiles del cole con sus disfraces y así, llega San Isidro, y te ves a todas las nenitas que no levantan un palmo del suelo vestidas de chulapa porque a su mami les hace mucha gracia. La nena en cuestión ni pincha ni corta. La visten de chulapa, de pastora, de virgenmaría, de guisante o de lo que a su madre se le ponga entre ceja y ceja sí o sí.

Yo no quiero que me hija me divierta. Quiero que se divierta, que no es lo mismo. Y conozco criaturas que con el moco colgando se querían quitar el vestidito de marras mientras su mamá la regañaba porque lo tenía que llevar porque "mírala, qué graciosa está". A mí no me hace gracia disfrazar a un niño si no lo quiere él.

Pero el colmo del despropósito es que no sólo te empeñes en vestir a tu hijo de calabaza, sino que te lo lleves a un concurso a hacer monerías para que el personal se admire de un talento que se lo has metido a calzador, fruto probablemente (digo probablemente, que también hay niños prodigio por ahí) de tus propias frustraciones.

Sé que llegará el día que mi Lola se extasíe ante un escaparate de los chinos y reclame a gritos su dosis de poliésteres de chillones colores y marabúes y bisuterías. Lo sé. No crean que no soy consciente. Y claudicaré. Pero que lo elija ella porque le ha llegado el momento de sumergirse en el mundo de la crinolina cruel made in lentejuela country, no porque deba satisfacerme a mí por muy su madre que sea.

Y esto lo dice una que se pasea por su casa con una diadema con orejas de ratón.

 Qué mal ejemplo soy.

martes, 3 de julio de 2012

Estiviles de la discordia

La red está llenita de consejos. Para todos. De todo. Sensatos, cuerdos, locos, absurdos. Cada quién escoge lo que le resulta más cómodo, más afín. El problema viene cuando osa decirlo en voz alta y no tiene los redaños suficientes como para capear el temporal con la gallardía y el aguante de una Juana de Arco. O el sentido del humor que le permita torear a la masa furibunda sin sentirse vilipendiado.

Hay personas de bien, pacíficas, amables incluso, que sueltan sus reflexiones y son atacadas por ello. Y no se crean que están invocando a la supremacía aria para la creación del IV Reich, ni están aportando fórmulas químicas para la manufactura casera de explosivos con fines terroristas, ni hacen apología del catálogo de delitos tipificados por el código penal. No. Nada de eso.

Hace unos días se creó un movimiento en la red llamado "Desmontando a Estivill" en el que un grupo de madres contrarias a las teorías conductistas del Dr. Eduard Estivill le acribillaron, algunas con auténtica ferocidad, mediante artículos en sus blogs, tuiteos y feisbukeos. Observé el fenómeno desde una discreta distancia, curiosa al principio, aburrida en el medio y hartita al final.

Y me inventé una teoría en la cual una horda cantidad de madres unidas por una idea que a su entender supone una amenaza para la crianza saludable de sus retoños suponen una suerte de hooliganismo maternal que se retroalimentan unas a otras subiendo el tono de las soflamas a cada post o comentario, en una onda muy inquisitorial y a mi gusto, peligrosa (para mi sensibilidad).

Leyendo el inteligente, sensato y desdramatizador post de Mi Gremlim No Me Come (y los comentarios, no se los pierdan) me alegro de no tener tantos seguidores como ella y no tener que estar dando taaaaantas explicaciones, hasta con miedo -intuyo- porque la popular (masa lectora) se pone suspicaz y faltona cuando uno no está de acuerdo con el trendic topic de la semana. Y a la que te descuidas y opinas, te envían a la residencia.

Estamos fatal, amigas. Fatal.

Yo nunca he sido de grupos, pandillas, clubes ni nada que semeje un conjunto de personas con uno varios elementos en común. Ni de niña. Se me da mal. Acabo saliendo por peteneras. Y ante este tipo de manifestaciones, me reafirmo en mi postura de solipandi.

Normalmente, cuando leo un blog en el que se defienden ideas o posturas que no comparto, pues me piro. Si me pilla animada, igual y dejo un comentario en el que jamás de los jamases he insultado a nadie (que no conozca, a los que conozco sí insulto, es un grado de amistad). Me gusta disentir, entender y aprender, no pelear a lo pendejo. No necesito convencer a nadie de mi forma de vida y crianza. Y no me importa que me critiquen, al revés, hasta me gusta si lo haces bien, con inteligencia y educación. Y si lo haces mal, seguro me voy a divertir.

Miren, muchas de las que se rasgan las vestiduras ante la aplicación del método Estivill de marras, harán cosas que a ojos de otras nos parezca el horror de los horrores.Y he aquí una muestra de mi particular catálogo de comportamientos familiares que a mí me producen urticaria:

- Como es verano, vamos a dar un paseo con los churumbeles. A medianoche. Total, es verano, no pasa nada si se les descuadran los horarios y se les queda el cuerpo pa Triana. Que se duerman cuando sea, que hay que disfrutar.
- No les regañes ni les castigues, que se trauman. (Este va derecho al top ten de la estupidez).
- Pobrecitos, si son niños. Déjalos que corran. Entre las mesas del restaurante llenito de gente. Dando alaridos y derribando camareros. Que se diviertan.
- ¿Llevar a mi hijo a una manifestación? horror¡, quita, quita... con lo mona que está con su mantilla en las procesiones de Semana Santa.

Y así puedo seguir ad infinitum. Porque cada quién tiene sus filias y fobias. Porque cada quién cría a sus hijos según sus entendederas, su educación, su modelo social, su entorno y sus posibilidades.

Como le da a uno la gana. 

Y mientras no vengan los servicios sociales a buscarte con una orden judicial, tira millas. Hombreya.

jueves, 7 de junio de 2012

Pesadilla-party: los cumpleaños

Tras un mes "missing-in-combat", regreso a la carga con nuevas verdades-como-puños que les vengo a compartir como eventual paño de lágrimas virtual, a ver si alguien me consuela (o me insulta, como gusten).

En este último mes largo me he enfrentado a un nuevo reto laboral en el que he sido responsable de comunicación de un evento sin precedentes. El evento si tiene precedentes, aclaro, la que no tiene precedentes soy yo que nunca antes había sido responsable de prensa ni de casi nada en la vida y ahí me ven con mi blusa de Armani de acontecimientos importantes temblando en el Teatro Monumental a ver cuántas buenas gentes habían hecho eco de nuestra convocatoria. Y como una es multimedia, acabé corre que te corre comprando cables para sonorizar a la cantante. Sirvo para todo yo. Lo mismo te busco un técnico de sonido en tres horas que te hago un comunicado de prensa. Retos a mí¡.

Además, tuve una visita transoceánica de mi mejor amiga mexicana durante una semana. Y desde ya les digo que acostarse pasadas la medianoche tras haberse acabado las reservas de cerveza de los chinos de alrededor, teniendo que levantarme a las 7 y compaginar mi trabajo "normal"a jornada completa, el evento de mis temblores, las colaboraciones que hago como articulista y mi destacado papel como esposa, madres y ama de casa son el pasaporte a la locura y el agotamiento. Así me he quedado. Más tarada todavía.

Por si no fuera poco, en plena resaca de todo esto, invitan a mi retoño a un cumpleaños. Globos, tarta, enanos derribando figuritas a la carrera, gritos. Muchos gritos. Y madres.

No puedo decir que tenga muchas amigas con hijos de la edad de mi Lola con las que comparta mis miserias maternales. Tengo pocas. Qué coño, sólo tengo una¡. Soy un desastre completo en lo que se refiere a mis habilidades sociales maternales. El vínculo que une a dos mujeres con hijos de edad similar a mí no termina de convencerme que sea suficiente para llamar a "eso" amistad. Y soy facilona, conste. Pero una vez que la charla de parque ha repasado el peso, la talla, la operación pañal, la elección del cole y si me come o no me come, ya no sé qué decir. Se me acaba la sociabilidad y sólo quiero irme corriendo a escuchar a los Rolling Stones.

Con este panorama que les presento, díganme qué pinto yo en una fiesta de cumpleaños con una pandilla de madres que:

a) el 50% quería soltar a su criatura y salir corriendo de allí con cualquier excusa. Entiendo perfectamente que veas la oportunidad de hacer algo sin tu enano y la quieras aprovechar pero es irrespetuoso con la anfitriona que además de darte de merendar, no cobra ni nada por tratar de mantener a tu hijo con vida en lo que dura la fiesta aunque él se empeñe en trepar por el balcón una y otra vez.

b) Hagan "grupito" para comentar largo y tendido sobre la maravillosa y acertada elección del cole de su descendencia, constatemente aleccionadas por madre-perfecta pretendidamente barbie aunque a mí me parecía más bien un travesti colombiano hambriento, alardeando de sus conocidos en la junta escolar. Qué bueno que mi Lola no va a ir al maravilloso colegio porque me da repelús encontrarme con el travesti colombiano en el AMPA y que me aleccione de nada.

c) Parieron a dos pequeños hooligans convencidos que abrirle la cabeza a los demás niños era un ejercicio saludable y fundamental.

Mi amiga estresadísima, venga a sacar bandejas de comida (la mejor tortilla que he probado, he de confesar), fumando en la ventana de la cocina (y yo con ella) y pensándose mejor la fiesta del año siguiente. Una santa, eso es lo que es, y unos huevacos del tamaño de piscinas olímpicas es lo que tiene. Ni loca hago yo semejante despliegue en mi casa. Claro que tampoco sabría a quién invitar.

Eso sí, los niños lo pasaron bien que al final es de lo se trata, con algunos moretones a estrenar y la barriga llena de chuches porque los gusanitos se los zampó todos mi Lola.

En los tres años de vida de mi churumbel, tan sólo he acudido a dos cumpleaños no familiares. Los dos de la misma nena. Y sigo sin entender cómo sigue invitándome con lo borde que soy y la cantidad de gusanitos que es capaz de acaparar mi Lola.

lunes, 30 de abril de 2012

De cuando mi hija se iba a quedar tullida de por vida



Tu historia Mas Divertida

Tu historia Más Divertida desde que te convertiste en mamá es un carnaval de Blogs que propone Una Mamá Feliz para poder contar esas anécdotas, experiencias e historias que hoy nos sacan una sonrisa al recordarlas.
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En los casi tres años que tiene Lola ha demostrado tener buen ingenio y unas grandes dosis de payasismo que nos ha hecho reir a carcajadas muchísimas veces. Hace unos días nos dió una muestra de ello.

Desde que empezó la guardería, la Lola se empeñó en batir el record de otitis de su clase y del colegio entero. El año pasado visitamos tanto a su pediatra que el marido de la doctora se puso celoso. Mi madre le hizo pañitos a los aparatos de aerosoles. Y los de la farmacia nos dieron el distintivo de "los mejores clientes del barrio" con foto dedicada y todo.

Toooooodo el mundo nos decía que el primer año de guardería era así. Que tuviéramos paciencia. Que la niña se iba a inmunizar. Pero fue horrible. De verdad.

El asunto es que descubrimos que el punto débil de Lola son su oídos. Cuando se enferma, es frecuente que su conducto auditivo se le llene de mucosidad y pueda derivar en otitis. Esto es lo que le pasó hace unas semanas y andaba medio sorda. No oía bien mi niña y las sesiones de aerosoles las teníamos que amenizar con visionados de Mary Poppins a un volumen que aquello parecía más un concierto de Megadeth que cursilismo del Supercalifragilistico.

La sordera le estaba durando mucho. Demasiado. Su padre y yo estábamos preocupados. Y no digamos la abu, que ya vaticinaba en la niña la sordera de la familia. Algunas familias trinchan el pavo en navidad. La familia de mi madre se queda sorda. Ellos son así. De tradiciones originales. Y sordos. Como tapias.

El padre de la criatura hacía "pruebas científicas" de vez en cuando. Se colocaba detrás de la nena y le hablaba bajito:

- ¿Quieres un caramelo, Lola?
- ..... (silencio de niña que se está quedando sorda sin remedio)
- ¿Quieres un caramelo, Lola?
- .... (más silencio de niña sorda y con sonotone en el cole, ya lo veía venir yo)
-  ¿Quieres un caramelo, Lola?
- Siiiiiíi¡¡, respondía al fin, la pequeña minusválida. Y yo a punto de llorar, visualizando una infancia de otorrinos sin fin.

Aquel día, la Lola y yo andábamos jugando en el suelo con el lego y su papá procedió a la prueba científica.
- ¿Quieres un caramelo, Lola?
- .......
 - ¿Quieres un caramelo, Lola?
- .....

Mi chico y yo nos miramos tristes, meneando la cabeza y a punto a agarrar el teléfono para pedir una nueva cita médica. Pero volvió a intentarlo. 
 -  ¿Quieres un caramelo, Lola?.

Y en esas veo en la cara de mi churumbel una sonrisa condescendiente.

- ¿De qué te ríes, canija?
- Mamá... ya está papá otra vez con lo de los caramelos¡¡¡

Lola no está sorda. Lo que está es harta de que su padre le pregunte si quiere un caramelo que luego no le quiere dar. Ha optado por ignorarle. Tócate las narices. 

Esa es mi Lola.
   


viernes, 20 de abril de 2012

escapismo

He leído en varios blogs esta mañana comentarios y post sobre los padres que se dedican un tiempo a ellos mismos, dejando a sus criaturas en manos de otros, léase canguros, familiares y demás con cierta regularidad. 

La mayoría de los comentarios eran críticas argumentando que al tener hijos, los intereses personales quedan en un segundo plano por el bienestar del niño y que desde su aterrizaje en este mundo debe incluírsele en todo. Para qué lo has tenido, si lo vas a apartar, vienen a decir.

Conste que estoy simplificando, pero más o menos el rollo era así.

Así que me voy a retratar.

Mañana esta madre ranchito se va a otra localidad a reunirse con sus antiguos compañeros de instituto para cenar, probablemente tomarse más vinos de lo recomendado por la OMS, luchar a brazo partido contra la inercia monacal de irme a la cama no más tarde de las 11 de la noche y trasnochar, sí, trasnochar¡¡¡ sin mi pareja y sin el fruto de mis entrañas... un acto totalmente egoísta en la que la única beneficiada seré yo misma. Y encima, me quedo a dormir en casa de mi antigua mejor amiga y compañera de correrías adolescentes.

Mi chico tendrá que asumir las riendas de todo, hacer cena, preparar baño, contar el cuento y hasta levantarse todas las veces que toque porque mami estará de fiesta y no va a dormir en casa.

El hecho de ser madre no implica que no pueda desmelenarme de vez en cuando. Mi obligación es cuidar de mi hija y asegurarme que va a estar bien. Y lo estará y seguro que se divierte más con su padre a solas que estando yo, que no paro de fastidiar con la hora de acostarse, que se lave los dientes y que no juegue con la plasti después de haber cenado que se mancha.

Me encanta estar con Lola, pero también me apetece disfrutar de espacios en los que sólo tengo que ver  yo, ni mi hija ni mi pareja. Yo sola. Sola con mis cosas, mis amigos, mis intereses.

Y lejos de pensar que puedo perjudicar a mi pequeña, siento que la beneficio, ya ven cómo soy.


lunes, 2 de abril de 2012

vacaciones

Ayer por la mañana partíamos hacia el pueblo serrano que da cobijo a mi señora madre con el coche  cargado en el mejor estilo de las familias españolas de los 60 cuando eran capaces de viajar en un seiscientos cinco personas, un canario, maletas, comida y un armario empotrado de tres cuerpos y encima iban cantando todo el camino.

A mí me lo cuentan hace cuatro años y no me lo creo. Pero cuando una tiene un churumbel con diarrea verbal y la energía de los tres años de VACACIONES en la guardería y una abuela solícita a 40 kms. de distancia, hace una rápida ecuación y empaqueta a la velocidad del rayo bañera, triciclo, cinco maletas de ropa para todo el repertorio climático y juguetes para los próximos siete años porque va a dar a su maravillosa hija la oportunidad de estrechar lazos con su "abu", respirar aire purísimo de las montañas y, aquí queríamos llegar, amigos, DAR UN MERECIDO DESCANSO A SUS AGOTADOS PADRES.

Cuando esta mañana me he levantado media hora más tarde de lo habitual,  he terminado de desayunar como una reina y he consultado la hora, atónita, he comprobado que aún eran las 8,10 am. Tempranísimo. Qué de tiempo libre¡¡. Qué extraña sensación ir paseando a la oficina sin prisas, sin tener que empujar el carrito viasualizando cual Terminator todos los baches de la acera para ir sorteándolos, buscando cúal es el mejor punto para cambiar de calle sin que se quede atascada una rueda... qué liberación¡¡.

Pensar que esta tarde puedo salir a tomar unas cañas sin pensar en la hora del baño, el aerosol, la cena... es algo delicioso que todos los padres se merecen de vez en cuando.

Mi Lola está de vacaciones tan feliz con su "abu", pero nosotros también¡¡

¿Qué plan para esta noche, alguien se apunta?

martes, 27 de marzo de 2012

Tipos de madres blogueras (haciendo amigos)


Cuando me planteé abrir este blog, le dí muchas vueltas al "enfoque" que quería darle, pensando sobre todo en quienes pudieran leerme. No pasarme con mis opiniones personales por si hería sentimientos, tratar de ser "políticamente correcta", intentar que este fuera un blog "blanco", amable, encantador...

Pues me temo que no va poder ser, amigos.

Tengo ya una larga andadura en bitácoras personales y me he esforzado mucho en escribir lo que me diera la gana sin pensar demasiado en los demás. Y creo que así ha de ser, porque esa soy yo y no una imagen idealizada y deforme de lo que se supone que debo ser. Digo "debo ser" y me doy cuenta que nadie me dice qué debo ser, pero digamos que en este mundo de bitácoras que hablan sobre el universo infantil, hay corrientes y yo no me identifico con ninguna, al menos no plenamente.

Supongo que tipos de madres hay muchas, tantas como personalidades,  pero parece que las que se animan a escribir se dividen en tres grandes grupos, a saber:

1.- La Madre Escaparate: Guapísima, rubísima y delgadísima, siempre a la última que sabe combinar sabiamente sus estilismos con los de sus hijos (y presupongo, marido a juego). Cocinan de muerte, todo sano y bajo en grasas, aunque se permiten lujos como los cupcakes de decoraciones ideales. Su vida es como un anuncio en la que todo parece perfecto, sus hijos son manuales de educación y urbanidad que superan las fases de crecimiento de forma modélica porque han sido guiadas por esta madre que raya la perfección. Cuando se toman fotos (de ella, sus hijos, la decoración de su casa, sus recetas, los estilismos) todo rezuma admiración por ellos mismos y merecido orgullo. Y no me extraña porque son perfectos. Yo me los imagino revisando sus dientes en un espejito de mano para no salir en la foto con el perejil pegado, mientras guardan en el maletero las raquetas de paddel con una mano y con la otra despeinan el flequillo de sus retoños para dar un look casual.

2.- La Madre Neo-Hippy: O cómo hacer un batiburrillo entre el reciclaje, terapias orientalistas (reiki, taichi, yoga, meditación, etc.) alimentación eco-friendly (vegetarianismo, odio a los lácteos, amor a los alimentos cuanto más raros, mejor, integralismo, guerra al conservante y grasas trans, etc.), porteo hasta que el niño te saque joroba, colecho o cómo enviar a tu marido al sofá, odio al Dr. Estivill y sus métodos cruentos, lactancia materna hasta la secundaria, reverenciar la maternidad y la infancia idolatrando cada fase argumentando hasta el más mínimo cambio con toda una batería de teorías filosóficas, rechazo a las guaderías y revisión y cuestionamiento de la escuela con propuestas de escolarización alternativas (educar en casa). A estas me las imagino vestidas de guerrilleras con el churumbel a cuestas arrugando la nariz cuando pasan por la puerta del DIA mientras van con su pequeño a clases de "cómo conectar con tu bebé interior mientras le cambias los pañales de tela tejida a mano por indígenas de comercio justo".

3.- La Madre Maruja 2.0: Cuando va al mercado, postea sobre cómo están de caros los tomates. Relata su día día con un tono jovial, plagado de signos de exclamación, mayúsculas resaltantes y las más osadas se atreven a combinar tipografías en distintos colores (con especial insistencia de los rosas y morados) en el mismo post. Un día a día, por otra parte, en el que la crianza y las tareas domésticas son el eje principal (y único) con alguna intervención de su costilla, discreta y de apoyo (suponemos). Su conexión con el mundo viene dada por la televisión (Supernanny como programa de cabecera, realitys y vísceras a tutiplén) así como de la comunidad de blogueros que se retroalimentan entre sí con frases de admiración, apoyo y ánimos y muchos jajajajás. Fotos del niño con el triciclo, del niño con el pastel de cumpleaños, del niño en chándal, de toda la familia en chándal... mucho abuso del chándal, que es muy cómodo. Me la imagino en chándal, comiendo magdalenas marca blanca y posteando sobre la ilusión que le hace que hayan elegido a su zagal para ir de sanjosé en la función del cole, poniendo el teclado llenico de migas.

Tentada he estado de poner enlaces pero témome una lluvia de piedras sobre éste blog incipiente. Y lo peor de todo es que yo tengo un poco de cada una. O lo mejor, según se mire.

Y lo irán descubriendo, si nadie lo remedia.

La de la foto, sí, soy yo con mi churumbel, la Lola (sin chándal pero recién levantadas en paños menores)