Miren ustedes la foto con la que ilustro esta entrada, amigos. Una orgullosa madre ataviada con lycras y pedrería mostrando a sus hijos: los niños, niños y la niña... bueno, la niña es pa echarla de comer aparte, pero se ve clarito que niña es. Un rollo entre Las Vegas, burbuja Freixenet y concurso de talentos infantil.
La cosa es que esta madre, se le ve en la cara, tiene claro de qué género es su parentela y así les viste en consecuencia con sus dorados a unos y... la niña, la pobre.
El niño de la derecha tiene madera, eh?, qué pose¡.
Pues yo no tengo claro nada con esta hija mía que nos va a meter en un lío en cualquier momento.
Ya les había contado que la anterioremente conocida como Lola, a la sazón, el fruto de mis entrañas, se nos había desdoblado en Pedrolo, un alter ego masculino que se había hecho fuerte a base de pantalones vaqueros y mear de pie. Más de un momento de verguenza nos ha hecho pasar cuando ataviada con vestido o bien desnuda iba saltando por ahí gritando "mamáaaaaaaaaa, soy tu hijo Pedrolooooooo" haciendo girar cabezas extrañadas a su paso.
Pero el talento de travesti de mi hija está desarrollándose a pasos agigantados. El primer día de cole (el primero, oigan, no me dió ni un poquito de tregua) ya me ven a mí explicando en la puerta apresuradamente a su profe que la nena a veces no responde por Lola sino por Pedrolo. La profe me echa un pequeño discurso de "hay que dejarles que indaguen quiénes son y no coartarles". Si, sí, maja. Ya verás la que te espera con esta. O este. Que ya no sabe una ni lo que ha parido.
Pues que pasa la primera semana de adaptación (con dibujo atrubuido a Pedrolo incluído) y en la segunda, que comienza el comedor y ya le toca a mi costillo recogerla. Y ahí que va el alegre padre a recoger a la criatura por primera vez.
- Hola, soy el padre de Lola...
- ¿Lola?, aquí no hay ninguna Lola.
- Sí... es esa niña de ahí, dice el buen hombre.
- Disculpe, señor, no es una niña sino un niño y se llama Arturo.
La Lola gritando por detrás: Soy Arturo, Arturooooooooooo¡¡¡
- .... Ehhh, verá, no es un niño, es un niña y se llama Lola pero a veces se cambia de nombre y...
A ver, imaginen la escena. Un señor diciendo a una cuidadora a la que no ha visto jamás en la vida que le entregue una niña cuando la supuesta niña jura y perjura con un convencimiento que a ver quién le lleva la contraria que es un niño de nombre Arturo. Pues la cuidadorar sospecha que el tipo es un tarado pervertido que la quiere secuestrar. ¿No pensarían ustedes lo mismo?. Normal.
Encima los antecedentes que hay en el colegio son de Pedrolo. Arturo es la nueva invención de mi churumbel. Y a su padre no le llama papá, sino Merlín.
Cielos.
Finalmente, mi paciente y encantador marido sin papeles, consiguió convencer a la cuidadora que Arturo-Lola es descendiente directa y heredera legal de todas sus deudas y se la entregó. O eso me contó él, y en realidad la trincó en un descuido y salió corriendo con ella bajo el brazo, que éste corre como un galgo, menudo es.
La cosa es que la niñaniño estaba estaba en casa cuando regrese de trabajar.
Siento el aliento de los servicios sociales en la nuca. Me gustaría saber qué chingados de explicación tendría Freud para este caso. Madre, madre, madre... si con tres años nos mete en estos líos a ver con cuatro. Que esta me trafica con gominolas en el recreo, lo veo venir.
Mostrando entradas con la etiqueta identidad sexual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta identidad sexual. Mostrar todas las entradas
miércoles, 19 de septiembre de 2012
jueves, 30 de agosto de 2012
Vacaciones en familia: no querías igualdad?
Amigos, ya hemos vuelto de vacaciones. Y no sé qué decirles: he vuelto confusa y preocupada.
Una cree que lo está haciendo bien tratando de educar a su pequeña en la igualdad y a la que le endiño la sirenita Ariel (que estoy de Ariel como si me la hubiera comido, por dios qué hartura con la Ariel a todas partes, que no me metas a la Ariel en la cama que te pinchas con la cola y luego lloras, por dios qué hartura, y qué fea la condenada con esa sonrisa de imbécil y la boca abierta, que se le van a meter moscas. Niña, no me digas que quieres ser Ariel, todo el día oliendo a sardinas, que te emancipas a los 3 años, eh?. Odio a Ariel, se nota, no?).
Bueno, que decía que igual que juega con Ariel (del demonio) juega con camiones. Que intentamos evitar juguetes sexistas (menos la Ariel de las narices y su figura de top model boba) y los comportamientos conductuales y todo ese rollo para que la niña no nos salga más cursi que un repollo con lazo antes de tiempo y bla bla bla.
La cosa es que nos hemos pasado. Se nos ha ido la mano. Tanta igualdad y tanta leche y ahora tenemos un desdoblamiento de personalidad en toda regla.
Mi hija según se levante se llama Lola y pide que le pongas el vestido azul con su lazo bien grandote y todo. Y va por la casa brincando y repitiendo que ella es una "princesa de culo de fresa". Para horas más tarde ir a jugar a un parque barcelonés (lugar de vacaciones), hacer amistad con unos críos de su edad y la mamá muy simpática, pregunte:
- ¿Y la nena, cómo se llama?.
- Pedrolo, contesta ella muy ufana, poniendo sus brazos en jarras.
- ¿Cómo? - cara de asombro de la madre que cree que le ha atacado una sordera ambiental, de repente-.
- PE-DRO-LO, responde elevando la voz y marcando sílaba, mi retoño.
- ¿¿¿¿????, -madre ojiplática en busca de una explicación me mira expectante-.
- Ehhh.. ss-sssí, ha dicho Pedrolo, es que hay días que cree que es un niño, digo tímidamente.
- PORQUE SOY UN NIÑO, MAMÁ, SOY TU HIJO PEDROLO.
Y sigue la tía jugando, tan tranquila, dejando a mí, su madre, rezando porque la otra madre no sea una psiquiatra de los servicios sociales y me pida el DNI o algo.
Ustedes dirán que no es para tanto, que qué graciosa y que es normal. Ja.
Cuando tu hija de 3 años que está en plena (y bastante exitosa, feliciténme) operación pañal, le pilla unas ganas de hacer pis en mitad de una playa atestada de gente y lejos del baño (si hay) y... qué les voy a contar que no hayan sufrido. La mayoría sumerje a sus chiquillos en el agua y que disimuladamente... pues mi hija no se deja.
Mi hija se pone de pie frente a las olas pero en la orilla, se quita el bañador, separa las piernas como un cowboy, se pone en jarras y dice:
- Mira mamá, hago pis como los chicos porque soy Pedrolo, tu hijo, así es mucho más divertido.
Y añade, para que vean lo fino que hila:
- Mira mamá, si te mueves, el chorrillo no te mancha.
Ahí está la tía. Con técnica y todo.
Miedo me da.
P.D.: En la foto, mi hermana de pequeña (yo era cursi) cuando jugaba a una cosa de esas con palos y bolas de mucho correr y darse costaladas.
Una cree que lo está haciendo bien tratando de educar a su pequeña en la igualdad y a la que le endiño la sirenita Ariel (que estoy de Ariel como si me la hubiera comido, por dios qué hartura con la Ariel a todas partes, que no me metas a la Ariel en la cama que te pinchas con la cola y luego lloras, por dios qué hartura, y qué fea la condenada con esa sonrisa de imbécil y la boca abierta, que se le van a meter moscas. Niña, no me digas que quieres ser Ariel, todo el día oliendo a sardinas, que te emancipas a los 3 años, eh?. Odio a Ariel, se nota, no?).
Bueno, que decía que igual que juega con Ariel (del demonio) juega con camiones. Que intentamos evitar juguetes sexistas (menos la Ariel de las narices y su figura de top model boba) y los comportamientos conductuales y todo ese rollo para que la niña no nos salga más cursi que un repollo con lazo antes de tiempo y bla bla bla.
La cosa es que nos hemos pasado. Se nos ha ido la mano. Tanta igualdad y tanta leche y ahora tenemos un desdoblamiento de personalidad en toda regla.
Mi hija según se levante se llama Lola y pide que le pongas el vestido azul con su lazo bien grandote y todo. Y va por la casa brincando y repitiendo que ella es una "princesa de culo de fresa". Para horas más tarde ir a jugar a un parque barcelonés (lugar de vacaciones), hacer amistad con unos críos de su edad y la mamá muy simpática, pregunte:
- ¿Y la nena, cómo se llama?.
- Pedrolo, contesta ella muy ufana, poniendo sus brazos en jarras.
- ¿Cómo? - cara de asombro de la madre que cree que le ha atacado una sordera ambiental, de repente-.
- PE-DRO-LO, responde elevando la voz y marcando sílaba, mi retoño.
- ¿¿¿¿????, -madre ojiplática en busca de una explicación me mira expectante-.
- Ehhh.. ss-sssí, ha dicho Pedrolo, es que hay días que cree que es un niño, digo tímidamente.
- PORQUE SOY UN NIÑO, MAMÁ, SOY TU HIJO PEDROLO.
Y sigue la tía jugando, tan tranquila, dejando a mí, su madre, rezando porque la otra madre no sea una psiquiatra de los servicios sociales y me pida el DNI o algo.
Ustedes dirán que no es para tanto, que qué graciosa y que es normal. Ja.
Cuando tu hija de 3 años que está en plena (y bastante exitosa, feliciténme) operación pañal, le pilla unas ganas de hacer pis en mitad de una playa atestada de gente y lejos del baño (si hay) y... qué les voy a contar que no hayan sufrido. La mayoría sumerje a sus chiquillos en el agua y que disimuladamente... pues mi hija no se deja.
Mi hija se pone de pie frente a las olas pero en la orilla, se quita el bañador, separa las piernas como un cowboy, se pone en jarras y dice:
- Mira mamá, hago pis como los chicos porque soy Pedrolo, tu hijo, así es mucho más divertido.
Y añade, para que vean lo fino que hila:
- Mira mamá, si te mueves, el chorrillo no te mancha.
Ahí está la tía. Con técnica y todo.
Miedo me da.
P.D.: En la foto, mi hermana de pequeña (yo era cursi) cuando jugaba a una cosa de esas con palos y bolas de mucho correr y darse costaladas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

